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Cómo hacer el tutorial ideal

Hacer un tutorial es una forma estupenda de darse a conocer.

Tiene algo imprescindible para hacerse viral: ayuda a la gente.

Ya, ya sé que lo más viral de la vida son los vídeos de gatos, la gente dándose tortas y los memes absurdos.

Pero hay un aldea (virtual) de irreductibles galos que disfruta viendo y compartiendo contenido que sí sirve para algo.

Si tu tutorial es bueno será compartido.

Bueno, esto no siempre es una ciencia exacta.

A veces creo que conozco a mis seguidores y publico algo curradísimo que creo que va a ser la leche y luego no lo comparte ni el tato.

En cambio se me ocurre una idea rápida, la transformo en post en media hora, con cuatro fotos editadas rápido y se comparte más de 70 veces en Facebook. Misterios.

Esto está bien que nos pase. Así no nos creemos que lo sabemos todo y nos obligamos a seguir investigando cuál es el mejor contenido para nuestra audiencia concreta.

Tipos de tutoriales

Dentro de los tutoriales DIY me gusta separar por tipos, a saber:

  • Proyectos
  • Técnicas
  • Proyectos de otros

Un proyecto tuyo es aquel que lo piensas de principio a fin, lo creas, lo diseñas, lo testas y lo lanzas. Ejemplo: “Cómo hacer una mochila fácil”

Un tutorial de técnicas es aquel en el que mostramos cómo se hace tal o cual cosa, sin necesidad de hacer un proyecto concreto. Lo que se explique en este tipo de tutoriales puede ser aplicado en proyectos diferentes. Ejemplo: “Cómo colocar una cremallera”

Los proyectos de otros se suelen hacer como review. Testar un patrón que ha hecho otra persona y decir qué nos parece, por ejemplo. Llevan mucho menos trabajo, por supuesto. No hay que pensar nada. Simplemente hay que seguir las indicaciones de otro. Si aportamos alguna mejora o modificación tendrá más valor. Ejemplo: “Review patrón blusa Burda”

Puedes dedicarte a un sólo tipo o combinarlos. Con el tiempo verás cuáles gustan más, fijándote en las estadísticas.

Ingredientes de un tutorial que triunfa

Como he comentado antes, a veces surgen imprevistos que nos revientan las gráficas por arriba o por abajo, pero en general hay ingredientes que suelen ser siempre necesarios.

  • que sea algo nunca visto: un proyecto inventado por ti (y que sea útil, claro), una técnica que realizas de forma no tradicional, una manera de hacer algo más sencillo de lo normal, trucos para hacer el trabajo más rápido.
  • corto y conciso. Si es en vídeo, entre 5 y 8 minutos. Explicaciones más largas acaban aburriendo al personal.
  • explicado para dummies. Aunque creas que todo el mundo sabe cortar un papel siguiendo una línea recta siempre habrá quien pregunte si con tijeras grandes o pequeñas. No te ahorres nada, detalla el proceso a conciencia.
  • que no falte ningún paso. No hay nada peor que un tutorial al que le falta alguno (o varios) pasos de la explicación. Que te pones a hacerlo y piensas, “aquí se le ha olvidado decir algo”, o “¿cómo ha pasado de esto a aquello?”. Aunque creas que es algo que todo el mundo sabe, no lo omitas. A los que no son expertos les da mucha rabia. Y por simple estadística, los novatos siempre serán más que los expertos que te puedan ver.

Lo que necesita tu tutorial ideal

Un guion.

A veces tenemos tan claro lo que queremos contar y cómo, que creemos que un guion no es necesario.

Pues sí lo es.

Si tuvieras tiempo de ver mi evolución completa en vídeos de YouTube verías que, en los primeros vídeos llevaba un guion, y las frases eran cortas y concisas.

Después me relajé. Simplemente hablaba a la cámara explicando. No es que eso esté mal, pero afectaba a la duración del vídeo. Sin darme cuenta hablaba de más, y decía cosas que no eran realmente necesarias para comprender lo que estaba contando.

Ahora he vuelto a retomar los guiones, y no sólo los vídeos tienen una mejor duración, sino que tardo mucho menos en grabar.

Los tutoriales cortos y bien explicados son más susceptibles de ser compartidos.

Presentacion clara de los materiales

Lo que hace falta, qué cantidad de cada cosa, qué medidas. La gente necesita saber (muchas veces con exactitud) todo esto.

Quizá nosotros lo hacemos sin medir mucho, un poco a ojo. Pero hay muchísima gente que si no le das números exactos se pierde, o simplemente decide no llevar a cabo el tutorial.

Facilitar un patrón si es necesario

Muchas veces no es necesario, y aún así la gente agradece que lo aportes. Hacer a mano un patrón de costura queda bastante regulero, pero la gente prefiere incluso eso que nada.

Si aprendes a usar algún programa de diseño es sencillo facilitar patrones a la gente. Sólo tienes que dibujar en el ordenador lo que harías a mano. Yo uso Adobe Illustrator.

Hay técnicas que no necesitan patrones, pero quizá sí algún descargable con explicación extra, por ejemplo.

Todo el mundo ama los descargables gratuitos.

Explicaciones cortas y sencillas de entender

Esto ya lo he dejado caer antes y es casi lo más difícil.

Cuando tú sabes hacer algo, te parece que con dos frases cualquiera lo entendería, y no.

Hay que explicar totalmente para dummies. Mi gran truco es pensar siempre que al otro lado hay una persona que nunca ha visto una máquina de coser. Así evito obviar detalles que no tienen importancia para una costurera experta, pero que si los omito, el no iniciado se pierde.

Salvo que estemos hablando de tutoriales de nivel medio y avanzado, claro. En ocasiones, hago un tutorial de un neceser, por ejemplo, pero no explico paso a paso cómo se coloca una cremallera, porque ya hice en su día un vídeo (para dummies) de cómo hacerlo.

Fotos que hagan entender el proceso incluso a alguien que no hable tu idioma

Si vas a hacer el tutorial en fotos también necesitas un guion, para no olvidar ningún paso importante.

Las fotos tienen que mostrar el proceso de tal manera que sólo con las fotos se comprenda a la perfección. ¿No has visto alguna vez algún tutorial en otro idioma que se entendía sólo con las fotos?

No sólo es importante fijarse en lo que cuentan las fotos por si a la gente le da por rular tu tutorial por el extranjero. La cuestión es que sólo pensando así conseguirás que las fotos se comprendan bien, también por los que sí hablan tu idioma.

A veces no tenemos más recurso lingüístico que “pasa por el lateral”, “da la vuelta por detrás” y cosas de este estilo, un poco ambiguas, que sin foto ideal no se entenderían.

Inténtalo en vídeo

Si no te has puesto ya con los vídeos es porque, simplemente, te da vergüenza, admítelo.

A nadie le ayudó la vergüenza para hacer cosas en su vida y superar obstáculos.

Yo me moría en los primeros vídeos. Me ayudaba mi marido a enfocar, y yo le pedía que no me mirara mientras hablaba a cámara. Y era mi marido. Imagínate la vergüenza que me daba.

Pero te contaré un secreto.

La gente prefiere los vídeos. Sobre todo si están bien explicados y no son eternos.

Y si sales tú hablando a cámara, mejor que mejor. A todos nos gusta saber con quién estamos hablando.

Y tú, ¿has empezado ya a hacer tutoriales de la técnica DIY que dominas? ¿Será 2018 el año en que te lances a hacer vídeos?

Cuéntamelo en los comentarios.

 

El contenido que te hará viral

El año pasado os pasé una encuesta para saber qué era lo que más os preocupaba en torno a vuestro negocio personal.

Y el asunto de darse a conocer en este océano que es la blogosfera apareció entre los primeros puestos.

De hecho, hablé del tema en varias newsletters.

Hoy te traigo un secreto más.

En realidad no es ningún secreto, pero muchas veces se nos pasa, y aunque lo sabemos, no lo aplicamos.

No hagas lo que hacen los demás

Ahá. Ya te dije que no era ningún secreto. O igual sí.

Veamos, seguro que si estás poniendo en marcha tu propio proyecto estarás buscando información, gratuita o de pago, para averiguar cómo hacerlo lo mejor posible.

Seguro también que habrás leído que tienes que hacer las cosas de tal o cual forma, que lo mejor para vender es nosequé, que te van a dar el paso a paso exacto para petarlo en 3 meses…

No digo que estas cosas sean mentira.

La mayoría de las veces las dice gente que lo ha conseguido y va a contarte paso a paso cómo. No lo veo mal plan.

Pero sí creo que hay que valorar bien si queremos hacer las cosas como todo el mundo.

Diferenciarse es arriesgado

Pero te puede hacer triunfar. Que se lo digan a Ágata Ruiz de la Prada.

Y aquí inserte usted cualquier tópico sobre los miedos. Que más vale arriesgarse que quedarse siempre en el mismo lugar, que quien no arriesga no gana, que tus sueños están al otro lado de tus miedos…

Son frases moñas, sí, pero son verdad. No voy a seguir hablando de esto, porque no hay más que desarrollar. Con miedo no avanzas. Si no lo tienes claro no tendrás proyecto. Fin.

Ser como otros sí, pero en otro plano

A ver si consigo explicar bien este concepto.

Copiar es caca. Eso ya lo sabemos.

Decir que te inspiras en alguien, muchas veces es no querer admitir que has copiado.

Vayamos más allá de las cosas que hace la gente que admiramos y quedémonos con el fondo.

Ejemplo sencillo: pongamos que soy cineasta y admiro el trabajo de Alejandro Amenábar.

*SPOILER ALERT* Si no has visto “Tesis” (que ya te vale) no sigas leyendo.

¿Decidiré hacer mi primera película sobre una red de snuff movies en la Facultad de Ciencias de la Información?

Pues no, porque eso es copiar Tesis.

Elegiré leer periódicos buscando noticias sorprendentes que me inspiren historias que nadie haya contado aún.

La realidad es que desconozco si esto lo hacen todos los cineastas, pero una vez leí una entrevista a Amenábar donde contaba que así se le ocurren las películas.

El resumen, lo que quiero que saques de esto es que, no hay que coger el producto de otro, la idea de otro, y replicarla o modificarla un poquitín y salir del paso.

Hay que pillar las ideas geniales de otros, sus procesos, sus pasos y transformarlos hasta adaptarlos a lo nuestro.

El contenido te hará viral

Pero no cualquier contenido.

Hacer tutoriales es una buenísima forma de que te conozca mucha gente y el mundo DIY se presta a ello.

Si haces un buen tutorial es muy probable que a la gente le guste y lo comparta. Gracias a eso llegarás a gente que aún no te conoce.

Pero ni si quiera en esto se puede uno dormir, o pensar que replicando la idea de alguien conseguirá exactamente lo mismo.

En 2013 lancé un curso online gratuito para aprender a coser a máquina en mi blog Chita Lou.

Era la primera vez en España que un blog de costura ofrecía un contenido como ese. Ya había tutoriales de costura a montones, pero nadie había contemplado la posibilidad de llegar a la gente que aún no sabía manejar la máquina de coser.

El curso constaba de 18 lecciones en vídeo, (una cada jueves), perfectamente organizadas para avanzar de forma lógica en el uso de la máquina, más varios bonus, con los que aprender a coser a máquina desde cero total. Y gratis.

Para apuntarse, la gente tenía que suscribirse a mi newsletter. Me abrí la cuenta gratuita en Mailchimp (hasta 2.000 suscriptores) y pensé que quizá se apuntarían unas 500 personas.

En la primera semana 4.000 personas se habían suscrito. El primer mes llegamos a ser casi 8.000.

En cualquier blog de marketing online te explican que necesitas un mínimo de 1.000 suscriptores para empezar a vivir de tu blog, y yo había conseguido 8.000 en un mes.

Hoy en día hay más de 18.000 personas en mi newsletter. Y no tengo formulario de suscripción pop-up (aunque lo pondré algún día)

No me considero ningún genio, pero vi un hueco que no estaba cubierto y lo llené.

¿Sabes cuántos cursos online gratuitos para aprender a coser a máquina han salido desde entonces? Que yo haya contado, al menos 4. Sin buscar. Me han ido apareciendo como contenidos recomendados en mis redes sociales.

Pero no han funcionado igual, en mi opinión, por alguno, varios o todos estos tres factores:

  1. No estaban estructurados, sino que se iban añadiendo contenidos un poco al tún tún, sin un orden lógico.
  2. No ha habido una constancia, un compromiso semanal, mensual, que enganchara a la gente.
  3. Ya había algo similar y por lo tanto no era tan novedoso.

Este curso online fue el inicio de mi negocio tal y como es hoy. Gracias a mi lista de suscriptores lancé mi primer curso de pago en 2014 y facturé más de 3.000€ en 15 días.

¿Qué tienes tú que ofrecerme?

No puedo venderte un curso explicándote cómo hacer un curso online gratuito para aprender a coser a máquina y asegurarte que lo vayas a petar.

Pero sí puedo decirte que le des una vuelta a tu conocimiento, a lo que tú sabes y nadie sabe, a lo que podrías contarme que yo no sepa y que no tenga forma (sencilla, fácil o cómoda) de averiguar.

Que te vayas al fondo, a la esencia de lo que fue mi curso gratuito. Explicar algo que dominas de manera que hasta el menos iniciado lo pille a la primera.

La gente podría haber leído las instrucciones de su máquina de coser en lugar de apuntarse a mi curso. Pero eligió el curso, porque le resultaba más cómodo y ameno.

Me encantaría que pusieras en marcha un curso, un e-book, una serie de posts… el formato es lo de menos. Que pongas tu conocimiento a disposición de la gente y se haga viral.

Y que luego vengas y me lo cuentes, of course.

¿Qué más necesitarías que te explique para que te pongas en marcha con ello este mismo mes?

 

 

 

Organizar el trabajo semana a semana

Hace unas semanas estuve hablándote de organizar el trabajo.

Que no es lo mismo que organizar el tiempo, acuérdate.

Bien, pues tras años de trabajo en casa, 7 sin ir más lejos, finalmente he dado con un sistema de organización del trabajo que me funciona.

He probado de todo, de verdad. Porque como buena habitante del mundo 2.0 soy procrastinadora, como casi todo hijo de vecino.

Aún así, creo que los sistemas de organización evolucionan también con la persona. Hoy me funciona esto, mañana igual lo mejoro.

Lo que desde luego está claro es que los sistemas de organización son algo muy personal, y en todo caso podemos leer sobre otros sistemas y tratar de quedarnos con lo que mejor nos parezca de cada uno, pero es complicado que lo que otra persona ha pensado para sí misma te funcione perfectamente a ti también.

Por eso te cuento cómo lo hago yo, por si te sirve.

Mi sistema va por semanas.

¿Por qué? Pues entre otras cosas porque me compré un planificador anual y no me aclaro ni del derecho ni del revés. Lo vendían como algo estupendo, muy visual. Justo lo que yo necesitaba.

Pues no ha funcionado, ¿ves? Lo de los demás no tiene por qué funcionarte a ti.

Yo, si veo el año completo es como si viera números flotando en el papel, así sin mucho sentido.

Necesito funcionar de lunes a viernes, aquí te cuento cómo lo hago exactamente.

Tengo dos libretas para apuntar cosas + una agenda a semana vista. Mi agenda es la de Milowcostblog, es imprimible y sólo cuesta 1€, igual te interesa.

Libreta 1. Es la más importante junto con la agenda. Antes sólo llevaba esta libreta y ahí apuntaba todo, escribiendo en una hoja detrás de otra y listo. Como si fuera un bullet journal, pero sin colorines ni pegatinas.

A ver, tengo dos blogs, una tienda online y 3 hijos. Tengo que economizar tiempo de donde sea.

En esta libreta apunto cada lunes (o domingo por la noche si me da tiempo) todo lo que tengo que hacer en la semana.

Tareas de los blogs, de las redes sociales, de organización de novedades, de preparación de nuevos cursos…

También ideas para vídeos, posts, cursos.

Agenda. Cuando lo tengo todo listo en la libreta 1, lo agendo.

Esto es, que lo reparto en la semana, según lo que creo que soy capaz de abarcar cada uno de los días. Ahí tengo en cuenta si un día tengo algo que hacer fuera del trabajo, porque no tendré tanto tiempo, o si hay algún festivo en la semana.

Intento colocarlo todo de lunes a miércoles y voy tachando lo que voy terminando.

Luego nunca lo acabo todo en sólo 3 días, así que necesito ir pasando algunas cosas al jueves o al viernes. Y algunas semanas acabo haciendo algo también los sábados o domingos. Ja, menuda pringada, intentando trabajar sólo 3 días XD

Ahora en serio, lo importante es dejarse huecos siempre, porque los imprevistos aparecen. Y también se suele sobrestimar la propia efectividad. Al principio empiezas súper motivada y con el paso de los días acabas perdiendo fuelle.

Libreta 2. En esta libreta anoto los guiones y detalles de los vídeos que previamente pensé en la libreta  y agendé en la agenda.

Cada lunes (o domingo) vuelvo a empezar.

Como ves, es un sistema sencillo pero que se adapta perfectamente a mis necesidades.

Eso es un poco lo malo, que hay que darle muchas vueltas y probar muchas cosas hasta que das con lo que realmente se ajusta a ti.

¿Te ha servido mi sistema? ¿Has sacado alguna idea que te apetezca probar?

El perfeccionismo te está matando

Déjame que me ponga un poco en plan pitonisa…

Mmm, veo que te gusta coser. Te encanta coser.

Disfrutas pensando en cada nueva pieza, en la ilusión que le hará a su nuevo dueño o dueña.

Buscas las mejores telas, te estrujas la cabeza para confeccionar los productos más originales.

Diseñas, prototipas, aplicas mejoras y…

Descoses sin piedad a cada pequeño fallo.

Bueno, a cada cosa que para ti es un fallo.

Y quizá te va a resonar muy fuerte lo que voy a decirte ahora, pero ese perfeccionismo no te deja avanzar.

¿Cómo?

Pero, ¿el perfeccionismo no es algo bueno?

Pues no.

El perfeccionismo sólo es una excusa. Como lo oyes.

Una excusa para seguir pensando que no eres lo bastante buena para ser más grande.

Una excusa para seguir creyendo que hay gente mejor que tú y que por eso no “puedes” llegar más lejos.

Una excusa para seguir permitiendo que sólo te conozcan tus más allegados.

Una excusa para evitar que alguien, alguna vez, te diga que no eres buena, porque tu producto tenía un fallo.

Una excusa para no destacar demasiado, porque ser visible, en el fondo es ser un blanco.

No hace falta ser pitonisa para saber todo esto.

Hace falta haber pasado por el mismo sitio.

Y tengo buenas y malas noticias.

Las malas son que nunca dejas de estar en ese lugar.

Siempre planea sobre ti el miedo a no ser lo que los demás esperan, porque, al fin y al cabo, son los demás los que tienen que valorarte para comprar tu trabajo.

Las buenas, buenísimas noticias son que puedes con eso y más.

Puedes aprender a vivir con el miedo, con la incertidumbre, con el gusano en la barriga bailando todo el rato.

¿Sería más fácil vivir con tu nómina a fin de mes, tranquilamente, y sin preocuparte de estas cosas?

Pues a lo mejor, pero yo no cambio mis horarios de ahora, mi posibilidad de estar con mis hijos todo el tiempo que quiera, de viajar los días que me apetezca y no sólo cuando me den vacaciones, de tomarme un día libre si quiero, la felicidad de no tener que dar explicaciones a nadie y ser la única responsable de mi negocio y de mi vida.

Y tú, ¿prefieres la nómina?

 

 

PD: Te cuento en plan rápido un ejemplo de cómo aprovechar los fallos.

La marca Don Fisher me parece buenísima. Genial la imagen y sus productos. Y tienen una buena legión de seguidores.

Son caros, sí, y seguramente nunca me compraré un estuche por 25€ por mucha forma de pez que tenga (seguramente una madre de 36 años que sabe coser no es su público objetivo) pero sus estuches tienen fallos.

Los tienen y son a veces muy evidentes. Se aprecian en las fotos. Podrían estar mejor cosidos, pero no parece importarle a la gente que los compra.

Además, tenían una serie con fallos más evidentes todavía. Cuando lo leí aluciné.

Pues los pusieron a la venta en plan outlet de productos con tara. Estaban rebajados y la gente se pegó (metafóricamente) por comprarlos.

¿Cómo te quedas?

¿Cuánto importa tener un producto “perfecto”?

Errores y pifias de una gran empresa

Emprender en solitario tiene muchas cosas buenas, y alguna mala.

Tener nuestra propia empresa nos deja sin un jefe tras la nuca, pero también sin compañeros para ir a tomar café a media mañana.

Y a veces nos deja pensando que somos pequeños, que nunca seremos una gran empresa que funciona al máximo rendimiento.

Vale, de acuerdo que estar solo o sola nos obliga a tener que hacer malabares con el blog, las imágenes y las redes sociales antes de dar el paso de externalizar algo. (De momento, lo único que he conseguido externalizar es el diseño de las webs y la limpieza de mi casa, el resto me lo sigo haciendo todo yo)

Pero no pienses que una empresa grande, por ser grande, funciona mejor que tú y que yo.

¿Has trabajado alguna vez en una empresa grande?

¿Has visto a algún compañero que rinde menos que los demás? ¿Que no se ha leído el último boletín porque prefiere hacer las cosas como siempre en lugar de mejorar?

En las grandes empresas es inevitable que a veces se cuelen perfiles de este tipo. Es casi imposible que el dueño de la empresa sepa cómo trabajan cada uno de los miles de trabajadores que tiene en nómina.

Imagínate, Amancio Ortega yendo Zara por Zara a ver si las dependientas hablan entre ellas tras el mostrador en lugar de cobrar más rápido.

Ahora pienso en Material Revolution, la tienda de regalos más molona de Granada, regentada por Nieves, mi BFF de todos los tiempos y la mujer con más amigos en la tierra (y alguno por el espacio), y Migue, su chico todoterreno que lo mismo te hace un excel para registrar gastos que te protagoniza un unboxing en Instagram Stories.

Nieves y Migue jamás se pondrían a hablar entre ellos de lo que van a hacer al salir del trabajo mientras te están atendiendo. En todo caso hablarían contigo, te aconsejarían algo, te recomendarían un libro y te dirían hasta luego con una amplia y sincera sonrisa, porque son mis amigos, sí, pero más majos que las pesetas, también.

Lo de sonreír al despedirse y no hablar de cosas banales mientras te cobran como si no estuvieras, sólo es un ejemplo de cosas que pasan en grandes empresas y jamás pasarán en la de Nieves y Migue.

Pero hay muchos otros.

Los gastos se controlan de forma mucho más efectiva. No te vas a llevar a casa un boli y un paquete de folios de tu propia empresa.

Las publicaciones en redes sociales son mucho más reales, empáticas y potencialmente virales. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste que un tuit de El Corte Inglés te hablaba de tú a tú? ¿Retuitearías un tuit de El Corte Inglés?

Los procesos no han de ser comunicados, porque bastante tienes con establecer cómo quieres hacer tú las cosas. Te podrás equivocar, o no, pero no tienes que redactar un protocolo de actuación para cuando te quedas sin stock. Simplemente actúas según tu conciencia y punto.

En estos casos, he observado que la gente agradece infinito el trato personal y la buena voluntad, así que procuro ser la tía más maja y facilitadora cuando alguien tiene problemas con algo que le he vendido.

Porque prefiero perder la venta que ganar un cliente cabreado. Sin duda.

Las grandes empresas, aunque se valen de su equipo humano para, precisamente, humanizar la marca, no pueden controlar lo de los clientes cabreados tan fácilmente.

En los años en que trabajé en Iberia, una buena temporada lo hice en el departamento de Lost luggage o equipajes perdidos. Labor que, por cierto, me encantaba. Andar rastreando por el sistema las maletas perdidas del mundo para devolverlas a sus dueños me hacía sentir como una especie de súperheroína.

Sí, ya. Siempre he sido una motivada de la vida.

Como te podrás imaginar, la gente llegaba a mi ventanilla con un cabreo monumental, y mi trabajo como equipo humano de la empresa era empatizar con ellos y tratar de ayudarles lo máximo posible para que tuvieran su maleta en casa cuanto antes.

Pero no podía devolverles su maleta en el acto.

En mi propia empresa soluciono las cosas más rápido y tengo menos clientes, pero más contentos.

Mi conclusión de hoy es que hay empresas grandes y las hay pequeñas. Cada una tiene su forma de funcionar, pero sobre todo nunca creas que una grande funciona mejor que una pequeña por el simple detalle de su tamaño.

En ocasiones puede ser al contrario.

 

Volumen de seguidores como marcador de éxito

Todavía seguimos pensando que quien más seguidores tiene, más lo peta, más mola, mejor hace las cosas y más profesional es.

Por si no tienes tiempo, te adelanto que no sólo es un error pensar así, sino que encima te está perjudicando pensar así.

Si te apetece saber un poco más, toma asiento que paso a desarrollar.

Desde que las redes sociales aparecieron en nuestra vida han cambiado muchas cosas. La más relevante para los negocios, en mi opinión, es que podemos saber mucho sobre el comportamiento de la gente que nos sigue.

Por ejemplo es ideal esa funcionalidad de Facebook que te permite saber a qué hora se conecta un volumen más amplio de tu audiencia, para publicar a las horas que más te interesa.

Pero, ¿el volumen de seguidores de una marca o negocio es un marcador de su éxito?

Como si estuviéramos en el instituto, parece que quien tiene más seguidores es más guay y más triunfa, y discrepo fuerte.

Haz la prueba de buscar en redes sociales un restaurante puntero de tu ciudad.

En general tienen pocos seguidores y pocas publicaciones. Pero sí lo petan en el mundo real. Hablo de restaurantes, gastrobares y negocios de estilo similar, que están siempre llenos, pero en redes pasan casi desapercibidos, especialmente si son un proyecto pequeño y personal.

¿Por qué pasa esto?

Porque no han trabajado su presencia en internet. Pero no es porque su negocio no funcione.

De la misma forma, hay mucha gente medio-famosa, con muchos seguidores en redes sociales, con blogs estupendos, pero que necesitan tener un trabajo “de verdad” para pagar las facturas, porque su blog no es rentable.

Si tengo que elegir, prefiero vivir de mi blog con pocos seguidores, que ser muy famosa y estar en todos los saraos pero tener que tener otro trabajo. Bueno, lo preferí hace tiempo y es lo que hago.

Hay varios blogs de costura con más seguidores que el mío, pero Chita Lou sí es mi trabajo.

Así que es cuestión de decidir qué prefieres.

Hay muchas formas de tener muchos seguidores.

Puedes pagarlos, puedes hacer publi, dar cosas gratis. Pero si esos seguidores no interactuan contigo ni te compran nada, ¿para qué los quieres?

Es mucho mejor tener engagement que seguidores.

El engagement es la cantidad de interactuación que generan tus seguidores. Los comentarios y likes que te dejan, o las veces que se comparte una publicación tuya.

El algoritmo de Facebook hace, entre otras cosas, que las publicaciones con más engagement se vean más veces, así que es mejor tener pocos seguidores que interactúen mucho, que muchos que no dicen nada, porque así tu publicación llegará más lejos.

De hecho, aumentar de seguidores te condena a necesitar casi siempre la publi para llegar a todos ellos. Así de duro se ha puesto Facebook.

Además, seguir pensando que “a más likes más guay”, te deja pensando que algo haces mal, que nunca saldrás adelante y chorradas así, cada vez que ves las redes sociales de los demás.

Bah, en serio, no te machaques. Igual parece más fácil decirlo que hacerlo, pero con 2 blogs, una tienda online y 3 niños, elijo muy bien lo que me preocupa, y desecho muy rápido las tonterías. Es economía de tiempo, básicamente.

Otro día hablamos de esto, pero sí, se puede elegir lo que a uno le preocupa 😉

Así que no, el volumen de seguidores no es un marcador de éxito válido. Ni para ti ni para los demás.

Merece más la pena trabajar el contacto con los seguidores, ser franca y honesta en tus publicaciones.

Y hacerse la foto más chachi no es éxito. Conseguir lo que siempre has querido sí. Sea eso lo que sea.

La humildad no es lo que creías

Llevo dos semanas dando vueltas al concepto de humildad. Un día me vino a la cabeza y desde entonces lo leo y lo oigo por todas partes.

Hay que ser humildes, decían en mi cole.

Las chicas sobre todo. Que no se nos note que hacemos las cosas bien, no sea que alguien se moleste.

Destacar es pretencioso. Sobresalir es ser un blanco perfecto. Para las críticas, para las burlas. Para la envidia de la gente.

Por eso es mejor ser humildes. Pasar por la vida cabizbajas, haciendo lo justito para sobrevivir.

¿Verdad?

No es extraño que hayas oído alguna vez cualquiera de estos mensajes.

Pero no, la humildad no es lo que tú creías. No es lo que nos hicieron creer.

Aunque en su acepción tercera, la RAE dice que es sinónimo de sumisión, en la primera nos la presenta como la virtud de conocer nuestras limitaciones y obrar de acuerdo a este conocimiento.

Conocer tus limitaciones no tiene mucho que ver con esconder tus virtudes. Nada que ver, de hecho.

Hace una semana fue el primer aniversario del fallecimiento de mi abuelita. Fuimos a una misa en su memoria organizada por la familia, y el cura habló de humildad.

Lejos de repetir el mantra de esconder nuestras virtudes al que estamos acostumbrados, dijo una frase que me pareció brillante.

Dijo que no había que aparentar lo que uno no es, sino que había que ser humildes, que no es otra cosa que decir la verdad. Decir lo que somos. Ni más, ni menos.

Ajá, ni menos.

Amiga, esto marcó la diferencia y me dio un chispazo en el cerebro.

Lo de que el postureo está feo ya lo sabíamos, pero ojo aquí, que es que también es importante no ir por la vida haciendo como que somos (o valemos) menos de lo que realmente somos.

Esta parte cuesta muchísimo. Lo sé porque lo sufro a diario.

Es una lucha constante contra ti misma. Tú sabes que tienes algo que enseñar al mundo, que puedes ayudar a mucha gente con lo que haces, pero como lo haces tú y lo haces todos los días acabas por no darle importancia.

Me pasa mucho, por ejemplo, con el libro. Escribí un libro de costura en 2015. Me llevó muchos meses de trabajo, pero es un libro para iniciarse en la costura, así que no me parece que haya hecho nada del otro mundo.

Mucha gente me dice que, no a cualquiera le contacta una editorial, le propone escribir un libro y luego se lo publica. Ya, si lo pienso así me considero muy afortunada, pero sigo sin pensar que haya inventado la sopa de ajo.

Sin embargo, cada vez que una blogger que yo sigo anuncia que ha escrito un libro, wow, me parece la leche, la felicito y me alegro muchísimo.

No le doy el mismo valor si lo hago yo.

Y no. Esto no es humildad. Es una faena.

La humildad tiene más que ver con reconocer nuestras propias carencias, como decía la RAE.

Como por ejemplo, reconocer que no tengo ni idea de diseño y que la identidad de mi marca la tiene que hacer un profesional.

Es una cosa interesante para practicar esto de la humildad, pero me parece peligroso como valor a la hora de emprender.

Quiero decir, que hay que tener cuidado con no malinterpretar el significado, como muchas veces hacemos, porque presentarnos ante el mundo como alguien menos capaz de lo que en realidad somos no es sino ponerse una zancadilla gorda antes de empezar.

Sigo en el camino de encontrar el equilibrio para mostrar quién soy realmente. Pero es muy complicado, pues en realidad la gente no te ve como tú eres, sino como ella se ha imaginado que eres.

¿No te pasa que hay un personaje público que te cae mal? Si no te ha hecho nada, ¿por qué tenemos ese sentimiento?

Seguramente porque nos recuerda a alguien que nos cae mal, porque ha hecho algo propio de alguien que nos caería mal… Y cualquier cosa que haga nos parecerá mal.

Pues lo mismo pasa en internet. Si alguien ha decidido que le caes mal, nada le hará cambiar de opinión, por más que intentes mostrarte con tu verdadero yo, que seguro que es genial y rompedor.

Así que, ¿para qué esforzarse en convencer de que eres genial a la gente que ya ha decidido que eres una caca?

Humildad. Mostrémonos tal como somos. Ni más, ni, sobre todo, menos.

¿Te cuesta lanzar tu marca al mundo o vender tus productos por la humildad mal entendida?

 

 

Organizar el trabajo en casa

La parte más complicada de emprender en casa es organizar el trabajo.

Mira que no hablo de organizar el tiempo, porque eso es relativamente sencillo una vez has organizado el trabajo.

Organizar el trabajo cuando no hay nadie que te diga qué hay que hacer es tremendo.

Yo he llegado a pasar días sin hacer prácticamente nada, por no saber ni por dónde empezar.

Vengo de trabajar en una gran empresa. Vamos, no es ningún secreto que dediqué a Iberia 8 años de mi vida, de los 22 a los 30 años. Y la mar de contenta, también te digo. Adoraba el trabajo. Ya he contado mil veces que lo dejé para poder dedicarme más y mejor a mis hijos.

Pero a lo que iba, trabajando en Iberia aprendí que para que miles de trabajadores sepan cómo hay que hacer las cosas todos igual, se redactan boletines y protocolos de actuación.

Eso en casa falla. No tenemos nada de eso que nos diga cómo hacer las cosas, qué hacer primero, qué rutinas tenemos que seguir al empezar la jornada.

Y no vengo a contarte esto como experta, sino como completa novata. Sigo en el camino de tratar de organizar todo lo que tengo que hacer dentro de una vida donde se cocina todos los días, se ponen lavadoras y se crían 3 hijos.

Claro, La vida volando surge de la necesidad que tengo que compartir con el mundo lo contenta que estoy con mi vida, y de ayudar a quien quiera cambiar la suya, pero eso no quiere decir que viva en un cuento de hadas.

Hasta ahora lo que he sacado en claro es que por un lado tengo que organizar las cosas fijas de la semana, a saber, el post semanal de Chita Lou, el post semanal de La vida volando, atender el correo electrónico y las redes sociales, y los pedidos de la shop, que pueden ser variables.

Cuando el post de Chita Lou va con vídeo, tengo que grabarlo y editarlo previamente. Y si lleva fotos, buscar un momento para hacerlas en que haya luz natural.

Trato de planificar lo más a largo plazo que puedo, para tener tiempo de maniobra. En este momento esto cobra un sentido brutal, porque con el bebé todo puede cambiar en el último momento, así que procuro tenerlo todo con bastante antelación. Si no, no hay manera de sacar un post semanal original y propio durante casi 4 años y no fallar ni un jueves.

Cuanto más mayor me hago, me noto más maniática con el orden de las cosas. Procuro (aunque no siempre me sale) que tanto la casa como el trabajo funcionen con las piezas bien engrasadas.

Los niños mayores tienen una rutina muy concreta por las mañanas, y se levantan con tiempo de sobra para hacerlo todo. Entre sus tareas se incluye recoger el comedor, por ejemplo. Esto a ellos no les cuesta nada hacerlo y a mí me supone un gran ahorro de tiempo para la jornada. Necesito que la casa esté ordenada para poder trabajar.

Otra de las claves para mí es dejar tiempo libre al cabo de la semana. No ocupar todos los huecos de mi jornada con cosas por hacer.

Siempre hay imprevistos, y a veces pierdo un día entero en ello. Una revisión médica, una renovación del DNI, una carrera hasta el centro comercial para comprar ropa de abrigo para el pequeño porque llegó el frío sin avisar.

Por eso más vale dejar huecos, o se acumulará el trabajo semana tras semana.

Muchas veces he pensado en redactar las rutinas de las tareas fijas. Hacerme unos carteles, unas fichas, no sé. Porque otra cosa que noto es que cuando apunto las cosas, salen de mi cabeza, dejando un agradable vacío, pero no las olvido porque las veo escritas.

Un día te contaré mi sistema de libretas para llevar todo el trabajo. Nada de Bullet Journal ni nada estiloso, no te creas. Es un sistema de lo más sencillo y de andar por casa, pero a mí me funciona.

También me gustaría redactar “protocolos” para cosas que hago de forma esporádica. Por ejemplo, los posts patrocinados. Siempre tengo que ir a mirar cómo lo hice la última vez, porque no me acuerdo. Me refiero al tema de los plazos de entrega, la redacción de las condiciones.

Redactar todo esto y ponerlo mono para imprimir también es una tarea esporádica que necesito colocar en algún lugar de mi agenda, pero como nunca es urgente, lo voy dejando.

Es una pescadilla que se muerde la cola. Mientras no lo hago, siento que sigo sin ser plenamente eficaz organizando el trabajo. Pero no puedo hacerlo porque no tengo hueco suficiente para embarcarme en algo así.

¿Tienes problemas para organizarte el trabajo en casa? ¿Crees que te ayudaría algún planificador? No tengo nada pensado, así que dame ideas y prepararé algo que pueda ayudarnos tanto a ti como a mí.

El peor consejo sobre poner precios

 

Poner precio a algo que has hecho tú no es fácil.

Desde luego sería mucho más fácil poner precio a algo que hubiera hecho alguien cercano. Cuando el artesano es otro, vemos más fácilmente el valor de producto.

Si lo hemos hecho nosotras empezamos con lo de…

– Si acabo de empezar, no puedo cobrar lo mismo que la gente que ya lleva tiempo

– Está bien hecho, pero tampoco es para tanto

– En el chino lo venden parecido por 2€

– Hay mucha gente ahí fuera haciendo lo mismo

– Si me paso de precio nadie me comprará

– La gente me dice que cobro caro

– Si, total, me lo paso bien haciéndolo

– Cómo voy a cobrar por algo que regalaría

– Con que me paguen los materiales ya está bien

– Para los amigos no voy a cobrar tanto

Te suena alguna de estas frases, ¿verdad?

De hecho, lo más normal es que hayas dicho y repetido más de una.

 

A todas me las puedo cargar de un puntapié en cuatro renglones. Si las asumes como ciertas o lógicas estarás cavando la tumba de tu negocio.

Que quizá es importante recordar que estamos aquí por un negocio, no somos la ONG de lo hecho a mano.

 

Una de las que le tengo más manía es la primera. Porque me afectó especialmente.

Cuando empecé a coser para vender, sobre todo hacía cosas para niños y bebés.

Al ver que, con los clientes que tenía no podía sacar un sueldo para un mes, decidí “ampliar” el negocio, y empecé a hacer también tartas de pañales.

Entonces casi no se veían, y no había tantas horteradas como se ven hoy. Eran más sencillas, cestas monas de regalo. Y los complementos que acompañaban eran hechos por mí.

Cuando me planteé los precios, alguien me dijo: “Como estás empezando, pon precios más bajos que la competencia, y cuando seas más conocida, sube los precios”

No sé, me pareció súper lógico. Pero ahora sé que fue el peor consejo sobre poner precios que me han dado jamás.

La última tarta de pañales que hice costaba casi 4 veces más que la primera. Y la gente lo pagaba igual.

¿Por qué tuve que tirar mis precios al principio? ¿Por qué tuve que regalar mi trabajo?

Quien compró tartas al final de la “etapa tarta” no me conocía al inicio.

Quien las compró baratas al inicio, no volvió a comprarme cuando subí los precios.

Vendí muchas más de las caras, te lo aseguro. Y eran bastante más caras que las de la competencia, pero consideré que tenían más valor, que eran más finas, más elegantes.

Al subir los precios me las pedían de todos los puntos de España. Llegué a enviar dos al Reino Unido.

Tu trabajo tiene un valor. Y si no se lo das tú nadie lo hará, porque en el mundo del fast-todo, cuanto más barato mejor y da igual la calidad.

¿Quieres ser la más barata? ¿Qué dice de tu producto un precio bajo? ¿Qué dice de ti?

Imagina que vas a comprar un colchón para la cama y tienes dos para elegir. Uno cuesta 700€ y otro 100€ ¿Qué pensarías de cada uno de ellos?

Evidentemente, que uno es bueno y el otro malo.

Habrá gente que compre el malo. Mucha gente, de hecho.

Porque no tengan más dinero, porque el colchón es para una casa de alquiler, yo qué sé…

Otra gente comprará el caro. Y esta es la gente que nos interesa.

Porque prefieren la calidad, porque quieren dormir y descansar bien, porque una buena marca les da garantías…

El problema, en realidad, no es poner el precio para que te compre la gente común.

El problema es encontrar a la gente VIP que quiera pagar tu precio.

No cambies de precio, cambia de público.

Hay hueco para más negocios online

Una de las cosas que más frena a la gente que quiere lanzar su negocio online es esta pregunta:

¿De verdad hay mercado para más negocios online?

Y yo voy a contestarte rápidamente con otra pregunta:

¿Hay mercado para más bares?

Creo que puedes contestarte a las dos preguntas con la misma respuesta.

En Alicante, donde vivo, cada día hay más bares. Algunos cerraron con la crisis, pero muchos otros abren cada día.

En internet pasa igual. Unas marcas se acabarán quemando con el tiempo, pero eso no quiere decir que la gente deje de valorar un producto original que le soluciona problemas.

Si quieres lanzar tu marca con tus propios productos (físicos o digitales) necesitas muchas cosas, pero lo que debes descartar primero son las dudas y la inseguridad.

“No puedo empezar porque aún no tengo blog”

“No puedo empezar porque aún no sé qué productos voy a vender”

“No puedo empezar porque no tengo un nombre decente para mi marca”

“No puedo empezar porque mis productos no son perfectos”

“No puedo empezar porque no sé cómo voy a vender lo que haga”

“No puedo empezar porque quién soy yo para hacer esto”

“No puedo empezar porque ya hay mucha gente haciendo lo mismo”

¿Te suena alguna de estas frases?

Yo me las he dicho mil veces.

Y ahora sé que es mejor hacer las cosas “mal” al principio y luego mejorar, que no hacerlas nunca.

Hay hueco para ti y tu proyecto, te lo aseguro.

Pero depende de ti ofrecer algo que sea realmente único o seguir haciendo lo de todo el mundo.

Tus deberes para la semana que viene:

– Haz una buena criba de los blogs y tableros de Pinterest que sigues relacionados con lo que tú haces. Si estás todo el rato viendo lo que hacen los demás, tu cabeza se satura y no puede desarrollar sus propias ideas.

– Haz una lista de tus mejores cualidades. Pueden estar relacionadas con tu proyecto o no (de hecho, piensa más en las que no lo están) y sé consciente de que esa combinación de cosas maravillosas que ya eres es totalmente única.

Tener un proyecto propio no es fácil ni difícil. Es exigente.

Si ya estás decidida pero no terminas de arrancar, mi e-book Siguiente Nivel te pondrá las pilas.

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